Cuando la pinta cristal con tonos
ámbar nos devuelve el reflejo medio distorsionado de nuestras caras, en donde
muere otro tabaco y lo vemos lento esfumarse, como las ideas que damos vueltas
y no cerramos. Cansado ya de los conocidos rebusques, viendo como la vida
simplemente pasa. El café caliente esperando en casa, con aroma a nostalgia de
buenos momentos. Y la cama preparada para ponerse a escribir.
No me satisfago con esos placeres cotidianos, quiero más,
constantemente estoy en una montaña rusa por ser mejor. Subí a un viaje de
locura de ida en donde la auto-superación cada vez es más difícil de llevar,
forzando mis propios límites constantemente para solo sentir esa adrenalina que
corre como tornado.
Que aburrido sería todo si nos conformáramos con una vida ya
plena, terminada, rellena por otros, ya que la misma no tendría sentido sin la
acción de lo desconocido de la aventura del nuevo día.
No sé si por la edad
o por la experiencia de ciertos sucesos, nos vamos dando cuenta que crecemos,
cumplimos las metas materiales que soñamos y sim embargo seguimos sintiendo que
las piezas del rompecabezas no terminan de encajar del todo.
Es entonces que gracias al querido y valioso tiempo nos
damos cuenta que más allá de todo lo material, lo que te mueve de verdad son
las personas, la gente que te rodea en sí. Son ellas la que pueden sacarte las
mejores sonrisas.
No quiero caer en el tonto ejemplo de decir que el hombre
con más plata del mundo era un simple infeliz sin amigos, y que el hombre más
humilde era simplemente feliz. Porque no es así, la vida es una balanza. Creo
que en lo personal uno se siente realizado completamente cuando encontramos ese
equilibrio.
Hace rato que nos enferman con niveles sociales, escalas de
poder, lugares privilegiados o no. Nos
enseñan a sumar, pero no a pensar. Creemos saber que queremos el invento bobo
del siglo que dan en la caja boba, pero no sabemos cómo pedir perdón. Nos crían
socialmente para ser un instrumento de consumo en masa.
Esto arranca en edades muy tempranos en donde nos confunden,
no nos enseñan los verdaderos valores de existir en sí, si no como afrontar
problemas meramente terrenales.
¿Qué pasa con las cosas que la matemática, la física, la
química, o cualquier otra ciencia social no pueda explicar meramente? ¿Qué hay de la felicidad?
Acaso alguien les explico de chicos que era ser
feliz. Aunque no para todos sea lo mismo
la felicidad todos la sentimos igual. No es difícil de deducir cuando te sentís
feliz o no. Aunque no lo crean la
felicidad se trabaja como cualquier otro tema psicológico, se trata de una
construcción constante del yo y el entorno que nos rodea.