Increíble sensación, terrible…
Dos monstruos que se apegan entre sí muy fuertes, porque esa
necesidad de salir de nuestro espacio de confort que tanto nos incomoda, pero
tanto buscamos indeseablemente.
Vemos como apenas se acerca lo desconocido, nuestro mi
cerebro automáticamente levanta esa barrera de defensa, tal vez un poco por
miedo, aunque nos gustaría mostrarnos tal cual somos, ese cariño automático que
sabemos brindar, pero no el aparato bárbaro de defensa, empieza a hacernos
hablar de las muchas noches de fiestas, en vez de decirle en ese momento lo
linda que esta.
Quizá sea eso un poco lo que vamos perdiendo, esa inocencia
de decir lo que pensamos, por prejuicios externos.
Puedo decir que podríamos hablar horas de nuestros pasados de
la historia de cada uno, pero cada momento en realidad sé que no vale nada si
no somos sinceros, que estamos perdiendo el tiempo tratando de alejarnos cuando
en realidad lo que queremos es lo contrario.
Es difícil por más que uno intente, no perderse por minutos o
eso me parece a mí en los contornos suavemente definidos de ese mar de labios.
O tratar de rozar suavemente mirada con mirada. Pequeños detalles que no siempre
sabemos apreciar.